Abriste a las 7h para los desayunos. Cierras a la 1h con los últimos gin-tonics. En esas dieciocho horas alguien te preguntó por Instagram si abrías el domingo, alguien comentó una foto, y el arroz que bordaste a mediodía no llegó a ninguna parte porque no tuviste manos para publicarlo.
No contestaste nada. Serviste cuarenta cubiertos y siete cafés, y lo hiciste bien. Ese es el problema: lo haces bien y nadie se entera, porque a las 23h, reventada, no te quedan manos para contarlo.
No debería ser así. Un buen local no debería necesitar una agencia cara que publica fotos de banco y jamás contesta un mensaje. Tu oficio está en el plato. Que se vea es lo único que pedimos para ti.
Hey Kompa no es otra herramienta que aprender. Es quien se queda con tus DMs y tu Instagram mientras tú estás en la cocina. Le enseñas cómo hablas con dos o tres ejemplos, revisas las primeras respuestas hasta que suenan a ti, y a partir de ahí responde con tu voz. Saca el plato del día por la mañana, te deja el mes de contenido planificado y prepara las fechas grandes con tiempo. Nada se publica ni se contesta sin tu sí.
Lo que Kompa lleva en hostelería
- Tus mensajes — los DMs y comentarios de Instagram y Facebook, respondidos con tu voz y tu info (horarios, carta, lo que ofreces). Tú apruebas; lo delicado lo decides tú.
- Tu contenido — el plan del mes, los textos con tu voz, y tus fotos mejoradas y publicadas a la hora que toca. Las fechas grandes, preparadas con antelación.
Lo que no hace (todavía)
- No gestiona reservas ni mesas: hoy responde el mensaje, pero la reserva la cierras tú. Conectar con tu sistema de reservas está en camino.
- No inventa platos con IA ni te llena la mesa de clientes que no existen. Hace que te vean; a venir, vienen por tu cocina.
- No sirve copas, ni discute con quien pidió el chuletón muy hecho y luego lo encontró seco.
Tú, a la cocina. Lo de fuera —los mensajes, las fotos, el Instagram— lo llevo yo.